Desde la época romana (y quizá antes)  en que se erigió el templo dedicado a Ceres, la entonces frondosa zona del Prado y su adyacente Alameda (regada por el arroyo Papacochinos) sirvió de lugar de esparcimiento, culto y otros usos menos lúdicos (ganadería, explotación maderera...). Durante la dominación árabe pudo ser lugar de rezo y celebraciones públicas (por estar a las fuera de la medina y estar lo suficientemente cerca) conociéndose como Almarchén (Al-marj se puede traducir por "el prado").

Ya en el siglo XIII, la existencia de la pequeña ermita dedicada a Sta. María del Prado consolida la zona como paso entre la ciudad y el campo y camino de "peregrinación" al santuario mariano. En el siglo XVI, se erigió otra (mas o menos enfrente) dedicada a S. José primero, y después a S. Joaquín y Sta. Ana (hasta finales del s. XVII). En la siguiente centuria, se consolida el Camino Real de Toledo y Madrid como vía principal de paso de este a oeste de la ciudad atravesando la zona del Prado. En este eje además se localizaban otras construcciones de interés como el Monasterio de Sta. Ana de franciscanos descalzos, un Humilladero donde supuestamente se apareció la Virgen (más o menos en la actual Avda. de Pío XII), la ermita de S. Juan (cerca del convento de la Trinidad) donde se colocó una imagen de Nuestra Sra. de la Paz que dio nombre al barrio y la Picota o rollo jurisdiccional (paseo de los Arqueros).

La ilustración del s. XVIII conllevó la creación de extensos paseos arbolados para solaz y recero ciudadano, el más claro ejemplo es el Salón del Prado de Madrid. En el Prado talaverano,  se creó un paseo de álamos en torno a 1770 con sus correspondientes depósitos de riego y una fuente.
En el s. XIX,  tras la guerra de la Independencia y las revueltas carlistas con nefastas consecuencias para la ciudad,  se produce una revitalización urbana  animada por la pujante economía burguesa.  Se abren y adecentan diversos paseos arbolados como el de las Fábricas o el de la plaza del Pan. El Prado sigue siendo punto de encuentro, ferias  y bailes como los celebrados hasta principios del s. XX en el desaparecido Pabellón del Prado y amenizados por la Sociedad Filarmónica La Constante. Hacia 1855, se vuelve a reformar el paseo: nuevo arbolado, bancos de fábrica y piedra, mejora del riego y un estanque. A la par, se establecen regulaciones y normas para preservar los jardines como la prohibición del paso de carruajes y caballos, usarlo como era en épocas de cosecha y el traslado del mercado y ferias de ganados a la zona norte conocida como el "ensanche del Ferial" en 1887  (ganado vacuno y equino) y a la ampliación entre el Prado y la Alameda (ganado ovino y caprino). A iniciativa del alcalde, Manuel Ginestal Oliva, la periodicidad del mismo pasa a ser quincenal en 1898 y empieza a celebrarse en la zona del antiguo Mercado de Ganados (hoy Ciudad deportiva) hasta su último traslado en 1994 al polígono Torrehierro.
Ermita del Prado. Panorámica de A. Wyngaerde (1567)
Plano del Prado y aledaños (1884)
El mal estado de conservación, (y poco celo de los vigilantes)  unido a los gastos que conllevaba, estuvieron a punto de convertir en edificable el único lugar de esparcimiento de la ciudadanía en 1898, aunque la propuesta no salió adelante. Con el nuevo siglo, se aprobó una nueva fase de arreglo de los jardines con una nueva plantación de árboles, bancos de hierro y cerámica y un templete de música. La iluminación era bastante escasa excepto en ferias. Los fines de semana de estío, llegaban numerosos visitantes de Madrid en el llamado tren de los excursionistas para pasar una jornada de baño en Los Arenales y de paseo en los jardines del Prado. Además en 1096, se instaló el Cinematógrafo Universal, donde se proyectaban películas en sesión continua de tarde y al que, debido al éxito, le siguió el Salón París en 1911.
Jardines del Prado (1906)
Entre 1925 y 1927 se produce una profunda fase de remodelación y embellecimiento de los jardines según proyecto del arquitecto municipal Pérez del Pulgar y siendo alcalde D. Justiniano López Brea. Se instala la Fuente de Las Ranas (1924) con diseño de Francisco Arroyo y cerámica de Ruiz de Luna, arco de entrada al gusto, unos urinarios públicos de diseño modernista, una casa con estanque para patos y palomas y jaulas para aves exóticas y cuatro monos. Además se instalan bancos con cerámica y otros corridos para las glorietas, se crea una rosaleda, un nuevo templete para música, hornacinas para almacenar libros para la lectura en los jardines (prestados por los guardas del parque) y algunas fuentes en pequeñas plazoletas. Todo ello conllevó un gasto de unas cien mil pesetas (no fue mucho el gasto ya que ni se mejoró el alumbrado ni el sistema de riego), aparte de donaciones altruistas como las del propio Ruiz de Luna (cerámica) y  las 22.000 pesetas deVicenta Palavicino y su hermano el marqués de Mirasol, lo que les valió para que se le diera su nombre al paseo sur de los jardines. En 1928 se rebautiza como Parque de Alfonso XIII. El acuartelamiento de tropas llegadas a la ciudad en 1936, las escaramuzas y bombardeos de la guerra, conllevaron una nueva degradación del entorno.
Pasada la contienda y debido al evidente deterioro, se destruyeron gran parte de los ornamentos como los urinarios (1937) que se sustituyen por otros en 1940 y conocidos popularmente como La Mezquita, construcción de estilo regionalista (al uso de la época) con un coste de 26.079 pesetas.
En décadas sucesivas, se acomete la adecentación como espacio de ocio y esparcimiento: se construyen zonas infantiles, se reforma el templete de música (1942), se "reconstruye" la Fuente de las Ranas  y un nuevo arco de entrada en el Paseo de los Arqueros, (trasladándose el anteriores, en hierro, al ensanche del Prado). En 1957 se produce la Coronación de la Virgen del Prado y el años siguiente se coloca un busto en recuerdo del diestro Joselito y las ferias van perdiendo el carácter ganadero para convertirse en una reunión de atracciones y puestos para disfrute de grandes y pequeños...
Diversas imágenes de los Jardines del Prado en 1930.  Extraido de Toledo, revista de Arte
Parque Alfonso XIII en los años 20
A partir de los 70, el parque comienza de nuevo una etapa de progresivo deterioro, agravado por la enfermedad que atacó a la mayoría de árboles cuasi centenarios de los Jardines del Prado y La Alameda. A finales del s. XX se comienza un ambicioso plan de mejoras y recuperación del parque que comenzó con nuevas plantaciones, solado con tierra de albero y la recuperación paulatina de  elementos singulares (con especial atención a la cerámica) como la Fuente de las Ranas, La Mezquita, templete de música, Casa de los Patos y estanque. Las últimas acciones van encaminadas a recuperar los bancos corridos y las jaulas por lo que le auguramos una larga continuidad a nuestros jardines más representativos.
Casa de los Patos y Fuente
de las Ranas tras la restauración
Fragmento de plano de Talavera (s.XIX)
en el que se aprecia
el paseo arbolado hacia la ermita, las eras y La Alameda
Jardines del Prado
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